viernes, 15 de mayo de 2020

Echemos una mirada (crónicas der encierro 9)



A estas alturas de la película, creo que sería bueno hacer una parada y echar una mirada a nuestro alrededor para ojear  nuestro entorno, antes de sacar el cilicio para fustigarnos, o el botafumeiro para vanagloriarnos como país de las actuaciones de nuestro gobierno ¿No les parece conveniente?
Empecemos por los amos del Imperio occidental. Es muy difícil hacer una  comparación entre ellos y la situación europea. Hay diferentes causas que  impiden  una comparación global entre sus circunstancias y las nuestras. Quizás la razón más importante que nos diferencia es la posición de su Gobierno y de una gran parte de sus ciudadanos, ya que son  contrarios a una sanidad pública, global, y sufragada mediante impuestos, como ocurre con la cultura europea del estado de bienestar. Con esta situación, en los EE.UU. los declarados oficialmente como pobres y que cumplen una serie de requisitos administrativos sí que están, al menos en teoría, protegidos sanitariamente, pero la clase media queda al aire, ya que la mayoría de los seguros privados, asequibles a los trabajadores, no cubren los casos de pandemias de este tipo. La medicina en los EE.UU. puede tener los mejores especialistas, pero no resulta lo que se llama barata. Por no hablar de los diferentes posicionamientos entre seguridad vs. Salvaguarda de la economía en los diferentes estados. La coyuntura entre la carencia de una sanidad pública y la teoría, muy arraigada entre los pertenecientes al Partido Republicano (que conforman el gobierno del país y buena parte de los estados con mayor número de casos registrados) de salvar a toda costa la economía, aun a costa de tomar medidas restrictivas, que son las únicas que se han demostrado efectivas para limitar el avance de la enfermedad, ha llevado a ese país a liderar en valores absolutos el número de contagiados y de fallecidos.
Gran Bretaña se pone como ejemplo de que no ha decretado el estado de alerta, pero se olvidan los detractores de esa posición de que el Parlamento ha  autorizado al Gobierno  a adoptar todo tipo de decisiones necesarias para luchar contra la pandemia, incluido el confinamiento de los ciudadanos. Es el tercer país en cuanto al número de infectados y el número de muertos ronda los 40.000. La oposición votó a favor de esa resolución, y, curiosamente, es el Partido Conservador, que es el que da soporte al Gobierno, el más crítico con las medidas restrictivas, que el Sr. Johnson se resiste a liberalizar al ritmo que le pide su partido ¿Tendrá algo que ver que él mismo estuvo afectado por el Covid 19, y tuvo que estar internado en una UCI?
Alemania es otro de los países que no ha decretado el Estado de Alarma, ya que, al igual que en  el caso británico, el Parlamento concedió al Gobierno autorización para que tomase las medidas oportunas para la lucha contra la pandemia, incluidas las de confinamiento y restricción de movimientos y de cualquier otra índole en ese aspecto. Tiene el respaldo de la oposición. Es de destacar que tiene un bajo número de fallecidos, a pesar de su alto número de población, y, aunque ha habido un ligero repunte, el número no llega a 8.000 defunciones debidas al virus.
Se apuntan dos posibles causas a estos favorables resultados. La primera es el alto porcentaje de sus presupuestos dedicados a la salud, que casi duplica al de España en gasto público en salud por habitante (no olvidemos que en nuestro país  está actuando con los presupuestos heredados del PP, ya que no le ha sido posible al Gobierno, por el momento, aprobar los confeccionados por él).  La otra causa que apuntan, y que no avalo ya que desconozco si es realidad o bulo, es que no han contabilizado a los mayores fallecidos en residencias geriátricas.
Francia, al igual que España, tiene declarado el Estado de Alerta. Aquí la resistencia a estas medidas viene encabezadas por una parte importante de la población que estaba en contra de las medidas neo liberales impuestas por el Sr. Macrón, y que ha aprovechado el estado en que se encuentra el país para reprimir y acallar las protestas. Ronda los 30.000 muertos, sin llegar a alcanzar dicha cifra.
Rusia, dadas las características del país, entre el tipo de gobierno, tan sui géneris, de su Presidente, no sé hasta qué punto pueden ser fiables sus cifras, es el segundo país del mundo en cuanto al número de infectados, con unos 250.000. No hay número oficial de fallecidos, y las cifras oficiosas resultan completamente inverosímiles.
Excepto en Rusia, que no se sabe muy bien si van o vienen, en casi todos los países se van tomando medidas más o menos escalonadas, tendentes a volver a una normalidad relativa y a relanzar la economía.
Como datos anecdóticos conviene destacar que más del 53% de los fallecidos en Bélgica han sido en residencias geriátricas, y que prácticamente la totalidad de países han comprado material sanitario defectuoso o totalmente inservible.



viernes, 8 de mayo de 2020

Ilumínenme (crónicas de encierro 8)





No voy a poner en duda la sapiencia y conocimientos de los eminentes virólogos e inmunólogos que vierten de manera altruista en las redes sociales indicándonos a los pocos legos en esa materia que osamos a entrar en Facebook o Tweeter sin los conocimientos suficientes, o, en mi caso, nulos en ambas materias.
Con suma humildad, reconociendo mis nulos conocimientos, rogaría que, apelando a sus demostrados conocimientos, se dignaran disipar algunas dudas surgidas al intentar comprender sus indiscutibles conocimientos científicos.
Paso a exponer, sin más preámbulos, mis consultas.
Parto de la base de que España tiene unos 47 millones de habitantes, en números redondos, y que el periodo de incubación de la enfermedad, o la llamada cuarentena, es de 14 días, ¿Correcto? Dado que dictaminan que es imprescindible la realización pruebas PCR a todos los residentes, resulta que en los 14 días se tendrían que realizar de promedio 3.357.142,86 pruebas diarias. No sé si habrán tenido en cuenta la infraestructura y el número de sanitarios necesarios para esa cantidad, pero, dado su brillante bagaje intelectual, no me cabe la menor duda de que si lo habrán hecho.
No acaban aquí mis dudas. Dado que la citada prueba sólo indica sí una persona se ha contagiado o no, este análisis se tendría que repetir, igual que se está haciendo actualmente con las pruebas aleatorias, a los 14 días, y no sólo una repetición, pues para que sea efectiva la medida tendría que repetirse una siguiente vez.
Bien, supuestamente, ya tenemos los análisis hechos y sabemos quienes están contagiados, aunque no hayan desarrollado síntomas. A partir del momento que aparecen como positivos, se les aísla y ya no producen más contagios. Aquí tengo otra duda ¿Cómo sabemos a quién han podido contagiar ya que, con nuestra legislación, sería atentar contra el derecho a la intimidad intentar averiguar con quién ha podido encontrarse, y por dónde ha ido? Eso es un dilema de los que me gustaría que me informaran sobre cómo han previsto resolverlo.
Tampoco tengo claro que, si se tienen que hacer 3 pruebas a todos los residentes en España, haya las 141.000.000 dosis necesarias para hacerlo. Pero habrá más laboratorios de los que yo conozco para fabricarlas sin problemas. La cuestión económica tampoco debe ser problema con el presupuesto para la sanidad previsto en los heredados Presupuestos Generales del Estado, ya que, a unos 60€ que cuesta el kit del PCR, todo esto asciende a la irrisoria cantidad 8.460.000.000 €.
¡Qué lástima me dan los pobres países grandes del norte que no tienen estas eminencias que disfrutamos nosotros para aconsejarles! Ya que ninguno de ellos llega a hacer pruebas al 30% de su población.
Al margen de mis dudas en cuanto a la logística, que continúan sin resolverse. El interés real, al menos en la comunidad autónoma donde resido se podría medir con cifras reales que no parecen coincidir con la “unánime petición” de pruebas para todos, ya que los llamados aleatoriamente para hacerse las pruebas un 38 % de los elegidos (casi 4 de cada 10) o no han aceptado o no han aparecido) y son datos que se pueden ver en la prensa de Baleares del 6 de mayo del año 2020, no extraídos directamente de mi teclado


viernes, 1 de mayo de 2020

¿Se acuerdan? (crónicas de encierro 7)




En unos momentos de miedo al presente por la pandemia, de terror al futuro por las consecuencias económicas, de incertidumbres, de dudas, de replantearse el futuro, tanto en un plano personal como colectivo, aún podemos tener una esperanza: Si nos alcanza el mal, peor o mejor, tendremos  asistencia sanitaria, si nos afecta a la salud, o en forma de subsidio (ayuda, o démosle el nombre que se quiera), si nos alcanza la crisis económica que se vislumbra.
En esta España nuestra, existe un colectivo del que nadie habla en estos momentos, pero que está ahí, sin derechos, sin subsidios, a pesar de la falsa propaganda de indeseables fascistas, sin forma de ganarse el parco alimento en la economía sumergida.
Pero están ahí, son seres humanos, son nuestros semejantes, necesitan alimentarse, necesitan vestirse, necesitan descansar, y, para lograrlo, necesitan trabajar.
Aquí es donde me gustaría que esos patriotas de banderas y aguiluchos me dijeran, si fuesen capaces de hilvanar una frase sin auxiliarse de rancias consignas ¿Cómo es posible que, si vienen a quitarnos el trabajo que por derecho divino nos corresponde a los españoles, haya tantos/as dependientes que han quedado desasistidos al no poder desplazarse los/as cuidadores/as hasta el domicilio del dependiente a causa del confinamiento, ya que, al no estar legalizada su estancia, no podían trabajar, y, por tanto, obtener el salvoconducto para salir de casa? Lógicamente, los de las pulseritas no han ido a paliar la situación.
¿Cómo es posible que ahora que no hay ladrones de puestos de trabajo, los agricultores de Hueva vean pudrirse las fresas en las plantas, o los tomates en el mar de plásticos de Almería, o la fruta en el Maresme?, ¿Dónde están los afectados por el robo de puestos de trabajo que no acuden en tropel a recuperar esos puestos de trabajo que legalmente les pertenecen, según la propaganda de la caterva racista?
Para combatir el odio de la propaganda fascista no voy a caer en la simplicidad de defender que todos los emigrantes son honrados y vienen a trabajar. No es cierto. Entonces sí que serían diferentes a nosotros. Los emigrantes son seres humanos, como nosotros. Los hay trabajadores, como nosotros. Los hay holgazanes, como nosotros. Los hay honrados, como nosotros. Los hay malhechores, como nosotros. Y los hay que, en principio, eran horados, pero, ante las dificultades y la tentación del dinero fácil, caen en la delincuencia, como nosotros.
Y sí, vienen muchos ilegalmente, ¿Pero quién no huiría de una guerra, o del terror, o de la hambruna, o de los gobiernos corruptos y opresores impuestos para el beneficio del primer mundo?
Hay gente que intenta separar por causas las diferentes circunstancias de la emigración, como podría ser la emigración para pedir refugio político, por motivos ideológicos, religiosos, o, incluso, de identidad sexual, y la emigración por motivos económicos.
Personalmente opino, y solo es una opinión, que no hay tales. Toda causa es económica, ya que esas guerras, o esos gobiernos despóticos y tiranos se mantienen por causas económicas, y, llevando a un extremo la situación, no sé si es peor que te caiga una bomba y te mate, a que te mate el hambre, y ver cómo se mueren por esa misma causa los tuyos.
Por último, no puedo menos que pensar en esa especie de Alzheimer colectivo que sufrimos los españoles en materia de emigración. Hemos olvidado, casi por ensalmo, que históricamente España ha sido tierra de emigración. Ciñéndonos al último siglo, y para respetar las divisiones tradicionales, hemos tenido emigrantes políticos, gracias al dictador fascista que tanto parecen añorar algunos, y otros económicos, a causa de las políticas del dictador citado anteriormente.
¡Ah! Que no digan algunos que los españoles se fueron todos  de forma legal y con contratos de trabajo porque mentirían como bellacos. Conozco a los suficientes con nombre y apellidos como para desmentir ese bulo. Es cierto que los hubo en esas condiciones, pero hubo muchísimos  que entraron en otros países de forma ilegal.

viernes, 24 de abril de 2020

Definiciones (crónicas de encierro 6)



No quiero pecar de inmodesto, o mucho menos de pedante, sin embargo creo que tengo un manejo del idioma castellano suficiente para poder definir casi todas las situaciones o actuaciones. Bueno, eso era lo que pensaba antes de ver algunas intervenciones en Facebook, de diferentes, llamémosles, personas.
No me refiero a faltas de ortografía, tampoco a errores al teclear, que no pueden extrañarme ya que cometo muchos errores de este tipo, ni a la confusión en la redacción, que pueden ser achacables a la inmediatez de la contestación que, en muchas ocasiones, no te dan tiempo a releer tranquilamente para rectificar la mencionada redacción.
Mucho menos me refiero a diferencias de opinión con respecto a mis interpretaciones, e incluso, en este apartado podría incluir a las distintas sensibilidades políticas o religiosas, en las que todas las posturas que no vayan contra la libertad de opinión del resto de la sociedad, son muy respetables.
No citaré el machismo rampante, pues sí que tengo calificativos para definirles, y que son los que aprovechan la más mínima ocasión, no dudando en culpar a la manifestación del 8M de todas las calamidades sucedidas en este país a causa de la pandemia, “olvidándose” de que en la misma fecha se celebró el aquelarre franquista, actos electorales de las campañas gallegas y vascas, partidos de futbol, sesiones de cine y teatro, misas, y otros eventos varios.
Me refiero a auténticas barbaridades, que no pueden ser achacables a una ideología razonable, y están fuera de toda realidad
Ahí es donde me falta la definición adecuada, y no sé si es fanatismo, falta de capacidad intelectual, o simplemente que son imbéciles. A continuación pongo dos ejemplos.
En uno, al hablar del fin del confinamiento progresivo escriben: “Se les va a ir de las manos, ya verás”. Y digo yo: “¿A quién se puede culpar?, ¿Al Gobierno o a los que no respetan las normas?, ¿Se puede mantener indefinidamente el confinamiento, o solo como política de choque?, ¿Somos tan irresponsables como conjunto e individualmente que si no está la “Estaca” detrás, no sabemos cómo actuar?, ¿Franco tenía razón con su política de represión? Aún siendo esta una intervención de las que no sé calificar, resulta hasta comprensible, ya que puede ir motivada por un miedo que  hace perder el sentido de la realidad.
La siguiente, al menos en mi opinión, no tiene ninguna justificación, a no ser un odio atávico a cualquier decisión que no venga “bendecida” por los servidores del fascismo más despiadado. Es la siguiente: A raíz de hablarse de que los niños podrían salir a la calle, esa, llamémosle, persona vomitó: “Están acabando con los ancianos, y ahora quieren acabar con los niños”.
¿Alguien en su sano juicio podría avalar esa frase?, ¿Alguien puede creer que un gobierno, a no ser uno de la cuerda política de esa persona (como ha demostrado la historia) pueda estar programando ese genocidio? No voy a hablar de un análisis lógico de su afirmación, ya que escapa de toda lógica, en cuyo caso se le tendría que preguntar: ¿Cree que el Gobierno de España no tiene autoridad de alguna clase sobre el resto de países, donde un porcentaje muy grande de fallecidos han sido ancianos, especialmente los que estaban en centros geriátricos?
Por otra parte, en casi todos los países del mundo, a los primeros a los que han permitido salir (excepto al personal adscritos a los servicios esenciales) han sido a los niños ¿Acaso la orden la ha dado al resto del mundo el gobierno “social-comunista” del Malvado Sr. Sánchez?
Las redes sociales pueden, y de hecho lo hacen, enriquecer los conocimientos y ayudadar a estar informado. Pero también te encuentras energúmenos como la del segundo ejemplo.

viernes, 17 de abril de 2020

Los expertos (crónicas de encierro 5)



Tenemos la enorme suerte de vivir en un país lleno de genios renacentistas, que igual tienen la solución a los problemas económicos mundiales, a los errores de cualquier entrenador o seleccionador de futbol, o también cómo afrontar una pandemia.
Quizás el único problema en el desaprovechamiento de esos potenciales venga derivado de la falta de ambición de esos genios. Podrían ser consultores de la ONU, de la NATO, de las grandes potencias, de las más afamadas multinacionales, o, incluso, en vez de poner sus conocimientos a disposición de terceros, los podrían utilizar para actividades por cuenta propia.
Pero no, ellos, con una modestia encomiable, renuncian a la fama, a los honores, y, como no,  a los pingües beneficios que su sabiduría podría reportarles.
No pretenden reconocimiento público. Su única pretensión es iluminar las mentes de sus semejantes más próximos. Por esta razón, sueltan sus píldoras ilustrativas en el bar, o, actualmente, han ampliado un poco más su esfera de influencia a las redes sociales. Curiosamente, nunca coinciden con las resoluciones o actuaciones del gobierno de España, especialmente si este tiene un tinte progresista. Veamos algunos ejemplos en torno al Covid 19.
El gobierno no prohíbe la manifestación del 8 de marzo. Y, lógicamente, esos expertos cargados de razón tildan al gobierno de incongruente, o, directamente, de asesino por poner en riesgo la salud y la vida de los ciudadanos. Está demostrado que los espectáculos recreativos, tanto en espacios abiertos como cerrados, no afectan a la expansión de la pandemia, ni las misas, ni el fútbol, ni las campañas electorales, ni los aquelarres de cierta ideología. Debe ser que el feminismo es un vector para la propagación del coronavirus.
Con las primeras infecciones, el Gobierno no toma drásticas medidas, son, por tanto, unos irresponsables. No importa que poco antes de la promulgación del estado de Emergencia, y cuando ya se anunciaba que se tomarían medidas restrictivas, las mentes privilegiadas clamaban por el alarmismo impresentable del Sr. Sánchez, que lo único que buscaba era hundir a los empresarios para congraciarse con el Sr. Iglesias.
Cuando, por fin, se decreta la alarma con restricciones a los ciudadanos, y a algunas actividades económicas, todo son imprecaciones por haberla promulgado tarde, y por qué no abarque toda la actividad económica. Como estoy hablando de mentes incomparables sigo con mi negativa  a hablar de esa ideología (suponiendo que al fanatismo y al odio se le pueda llamar ideología)   nefasta e indeseable que negaba alguna restricción en la dinámica económica.
En vista del incremento de la mortandad, el Gobierno para toda la actividad económica. Eso levanta dos corrientes de opinión distintas, una de ellas opina que lo hace tarde, la otra que el país se colapsará.
Ahora ha permitido ciertas actividades, y vuelven a surgir  dos tendencias, la una sentencia que no se debía haber suspendido nunca, la otra que la permisividad es precipitada y que los muertos nos desbordarán.
Tienen la solución para que al inútil del Sr. Sánchez no le hubiesen vendido pruebas de diagnostico defectuosas, y de que por su culpa las adquirieran también Alemania, Francia, y Gran Bretaña.
Si les hubiesen escuchado a ellos, que están en posesión de todos los recursos intelectuales, no se hubiese producido la eutanasia criminal en las residencias geriátricas de España, y, de paso, del resto del mundo de las que también tiene la culpa el pérfido Sr. Sánchez.
Podría seguir durante páginas y páginas sobre las tragedias que se hubiesen podido evitar si se les hubiese hecho caso a ellos, y en vez de dejar actuar al gobierno socialista comunista.
Solo hay un pequeño detalle que, por su escasa importancia, no sé si merece la pena reseñar, pero ya que hemos llegado hasta aquí…
Todas las brillantes y geniales soluciones las anuncian cuando los hechos ya no tienen remedio, o, como dicen los castizos, “a toro pas

jueves, 9 de abril de 2020

¿No hay nadie? (crónicas de encierro 4)









Llevo bastantes, quizás demasiadas, semanas siendo muy moderado en mis críticas. He querido ser consecuente con el “tenemos que remar todos en la misma dirección”, e, incluso, la única crítica que he hecho por los errores cometidos ha sido hacia mí mismo.
Se acabó. Contra unos desaprensivos, vividores, y ansiosos de poder, no me puedo aguantar, y tengo que saltar. No es de personas, y mucho menos de animales, tratar de conseguir beneficios de una tragedia general.
¿Qué me ha hecho cambiar de actitud? Su falsedad, su traición a todo un pueblo, su desfachatez, su posicionamiento en  el que, por razones personales o partidistas, anteponen sus incalificables objetivos, al bien común que, como representantes del pueblo, deberían defender con honestidad.
Todos, absolutamente todos, menos algunos miserables y envilecidos seres, sabemos que tras la catástrofe sanitaria que está representando la pandemia, para vidas y economías de todos, se deben tomar medidas excepcionales, políticas valientes, pero consensuadas por todas las fuerzas democráticas (de ahí que no incluya a otros) para salir lo más rápidamente posible del cuadro devastador.
Pero qué hace el principal partido de la oposición, negarse en redondo a establecer unos segundos Pactos de la Moncloa. No se trata de hacer lo que determine el Gobierno y respaldarlo, como han hecho otros partidos responsables que están actualmente en la oposición, como por ejemplo en Portugal. No, se trata de unas conversaciones para llegar a un pacto para salir de la debacle económicas con la que nos vamos a encontrar cuando acabe esta situación.
¿Qué hacen esos dos individuos y una parte de sus secuaces? Negarse en banda, con excusas de fulleros, a iniciar contactos. Si fuesen personas honradas y dignas, asistirían y, en el caso de que el Gobierno quisiera meter todas sus medidas, y que el PP les hiciese de palmero, entonces, y solo entonces, denunciarlo con datos reales, y no esparciendo bulos
No les quiero motejar de chacales o buitres carroñeros, ya que estos animales cumplen una función digna: eliminar despojos que podrían contaminar el medio ambiente. Pero ¿qué función cumplen el flamante Máster por Harvard (Estado de Aravaca), y su fiel (por ahora) escudero el lanzador de huesos de aceitunas?
Por su actitud parece que quieran volver a los tiempos gloriosos de la Púnica, la Gúrtel, la Lezo, el Velódromo, el aeropuerto de Castellón, o el Metro de Valencia, y muchos otros casos que no cito por no querer hacer la lista interminable
¿Esos patriotas de banderita en relojes y camisas no se han enterado, o no quieren enterarse de que la patria no es solo una enseña, con o sin aguilucho? La Nación no son los símbolos inanimados, son sus gentes, son sus mayores, que han sido diezmados en residencias poco adecuadas, son sus pueblos y ciudades arrasados con bajas de personas, de autónomos, de pequeñas industrias. Pero esa realidad no la quieren reconocer, es mejor adorar a un trapo que no les contradiga, y a una Constitución a la que su mismo mentor ideológico votó en contra.
No quiero que se tome este escrito como un panegírico al gobierno del Sr. Sánchez, el cual ha cometido errores y ha improvisado. Pero ¿Qué gobierno mundial no se ha equivocado en alguna faceta de su actuación a este respecto?, ¿Cómo no se va a improvisar ante una situación nueva, que no tiene ni protocolos ni antecedentes?, ¿Cómo no va a haber carencias después de los bestiales recortes en sanidad de Administraciones anteriores, y teniendo en cuenta que se está funcionando con unos presupuestos generales realizados por el anterior gobierno (el de los recortes a la sanidad) que habían tenido que ser prorrogados?
Por ello mis preguntas son: ¿No hay nadie en el PP honesto?, ¿No hay nadie en el PP con sentido de Estado?, ¿No hay nadie en el PP que, si no puede revertir la situación a la que le están llevando esos indeseables, tenga la dignidad de dimitir para no ser cómplice?

viernes, 3 de abril de 2020

Analizando conductas propias (crónicas de encierro 3)




El confinamiento, las largas horas en casa, el tiempo que hay que llenar te permite reflexionar sobre actitudes, actos, o hechos pasados.

Parece como si hiciese muchísimo tiempo, dada la vertiginosa sucesión de los acontecimientos en estas últimas semanas. Uno de estos actos fue cuando en Facebook mostré un cartel en él que le resté importancia al tema del Covid-19. Evidentemente, me equivoqué, como, desgraciadamente, se ha empeñado en demostrar la realidad.

Cuando hice el comentario, la enfermedad prácticamente aún no tenía incidencia en nuestro país, y en Italia, donde comenzó el contagio en Europa, el índice de mortalidad estaba rondando el 5%, prácticamente la mitad que en la actualidad.

Cometí la ligereza de restarle importancia, en comparación con el sufrimiento de los refugiados que huían de la guerra, tildando a la infección, que se ha convertido en pandemia, de ser una afección comparable a una simple gripe.

¡Qué equivocado estaba!

Un amigo, que es médico y trabaja en uno de los grandes hospitales de Madrid, me advirtió que estaba equivocado, ya que la ocupación de las UCIs, cuando recién comenzaban los casos de contagio en nuestro país, demostraba que nos encontrábamos en el inicio de un gravísimo problema sanitario. Como tengo mucho respeto por sus opiniones profesionales (obviamente por las personales también), comencé a mirar la situación desde otra óptica mostrando cada vez más preocupación.

El tenía toda la razón, y el resultado es verdaderamente nefasto. La economía mundial se resentirá en todos los aspectos: en algunos casos por la paralización de la mayoría del proceso productivo; en otros, por plegarse a los dictados del gran capital y no pararlo, con lo que la pandemia, en su aspecto más global tendrá una duración mayor, teniéndose que plegar en mayor medida a los dictados de las ciencias de la salud, como en los casos de Gran Bretaña y Estados Unidos.

Siendo de capital importancia el tema económico, lo peor es el tema humano, con miles de muertos contabilizados en todo el mundo, y los que no se podrán contabilizar por cuestiones de recursos e infraestructuras en el tercer y el cuarto mundo.

Para continuar siendo coherente conmigo mismo, como dije la semana pasada, no quiero buscar culpables. Nadie estaba preparado para una crisis sanitaria de esta envergadura. Todos tenemos la solución cuando ha pasado el problema. Dejemos trabajar a los técnicos, y a la ciencia, y aprendamos de nuestros errores. Hagamos, dentro de la responsabilidad personal y colectiva, lo que esté en nuestras manos para acabar con esta situación.

No obstante mi grave error de apreciación, no podemos olvidar a los refugiados, que continúan huyendo de la guerra, una guerra que no conoce de pandemias y de dramas, que solo se alimenta de odio y de ansias de poder. Guerra, que no olvidemos fomenta el mundo occidental surtiendo de armas y escatimando alimentos a la población ¿Se estarán contabilizando en los campamentos de refugiados los afectados y los muertos por el coronavirus?

A los que me leen o me han leído alguna vez, le extrañará, posiblemente, el tema elegido para ilustrar este escrito. Me salgo de lo habitual, pero en estos tiempos tan duros que estamos viviendo un poco de belleza ayuda a pasarlo un poco mejor ¿Y, qué es más bello que una rosa?