Había titulado el
escrito como “Fe contra conocimientos”, pero he decidido cambiarlo ya que la
palabra fe va, normalmente, unida a religión (cualquier religión) y no quiero,
al menos hoy, entrar en temas teológicos.
Definiré primero el
significado que les doy a ambos términos.
Empecemos por
conocimientos: Son el conjunto de conceptos adquiridos mediante el estudio de
materias científicas, tanto sociales como físicas, y avalados por pruebas objetivas.
Por el contrario,
las creencias se basan en sensaciones, bien interiores o adquiridas por
imitación, o por la aceptación sin ningún tipo de actitud crítica de los
conceptos emitidos por personas que dicen estar en posesión de la verdad (con
mayúscula) pero que no quieren, ni pueden, aportar ninguna argumentación
rigurosa, y, por tanto, testimonios fiables.
Una gran diferencia
es que, mientras que el que ha adquirido conocimientos está abierto a cambiar
cualquier postulado a causa de unas pruebas que avalen que los primeros daos
eran erróneos por defecto de forma o por error al interpretar los datos, el
creyente se aferra a su verdad. No le importa que los hechos contradigan sus
creencias. No le importa que la evidencia muestren que son falsas. No
acepta que los mismos creadores de su bulo digan que se equivocaron y la teoría
es falsa. Ellos siguen con sus convicciones.
En la actualidad han
surgido con fuerza grupos de creyentes conspiranóicos, también llamados
negacionistas, empeñados en negar cualquier tipo de evidencia científica. Para
ellos todo es una conspiración para llevar a la humanidad a ser esclavos de un
siniestro grupo.
¿Quiénes forman ese
grupo? Pues desde los chinos hasta Soros, pasando por Bill Gates.
¿Cómo quieren
conseguirlo? Hay también disparidad, ya que, según algunos, es con el caballo
de Troya de la tecnología 5G, con vacunas que nos enferman, con la excusa de
una pandemia falsa, motivada por un virus inexiste, y por alguna otra
trasnochada idea, ya desechada actualmente, como la del microondas o las
antenas de telefonía móvil de tecnologías anteriores a la citada 5G. También se
ha extendido la creencia de que la tierra es plana, aunque no acabo de ver cómo
encaja esto en la malvada conspiración de apoderarse de la tierra.
Curiosamente, muchas
de estas creencias, algunas contradictorias, son asumidas por los colectivos
negacionistas, constituyéndose así en una colectividad de polinecios.
Para ellos tiene
más valor la opinión de un cantante de medio pelo, al que no se le conoce más
mérito que el haber tenido hace ya muchos años un dudoso éxito, que la de la Comunidad
científica.
Para ver que la
teoría del terraplanismo se desmonta sola, basta con subir a una montaña o un
avión. Las vacunas habían erradicado enfermedades que habían asolado la
humanidad y que actualmente están volviendo a aflorar por culpa de su
cerrilidad. Y el coronavirus se puede ver mediante instrumentos ópticos y
percibir mediante análisis.
Y a esos polinecios quiero recordarles que, cuando la invención del ferrocarril, otros iluminados vaticinaron miles de muertes entre sus usuarios ya que, según ellos, el cuerpo humano no podía superar una velocidad superior a los 20
Los polinecios no merecen palabras mías. Me niego incluso a mencionar sus teorías, ni siquiera para refutarlas. Me aburren mucho.
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